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lunes, 6 de agosto de 2007

NUESTRO COLUMPIO


Por las primaveras del 1960.

Carrascal

Esa madrugada vino insinuando cantos ligeros. Ilusiones tardías habían celebrado una noche de columpios. En ese día tan especial, miraba incrédulo nacer el día desde la terraza, en que en tardes tibias de noviembre, balanceabas tus sueños y los míos.

Desde las veredas del sol, mis ojos habían fijado el remolino de faldas en tu alegre vaivén, en momentos de mis paseos primaverales... El tiempo multiplicó esos atardeceres y......

Esa noche, despertaba a una realidad, a una trágica y hermosa realidad. Te habías convertido en la princesa real de mis paseos primaverales. Estabas vestida de fiesta y radiante te vi venir.

Aspiré tu aroma tan deseado y aprendí de la lectura de tus manos, en ese baile casi inconcluso de aquella noche. Me pareció poseer todas las riquezas del mundo al mismo tiempo que parecíamos desaparecer en un baile de columpios. La ligereza de nuestros cuerpos en ese baile, me dejó la sensación de una danza de nubes y me perdí en tu nombre, Eliana.

Quise entregarte todo el canasto de mis versos y contarte toda la locura de mi amor. Leía el mensaje de tus manos y comprendí la felicidad que te embargaba. En esos momentos no existía nada, no existía nadie, sólo lo nuestro. Cada vez que me detengo a escuchar, aquella canción... “te regalo yo mis ojos, mis cabellos y mi boca y hasta el aire que respiro, yo mi vida te regalo....” vuelves a columpiarte en mis sueños de primaveras.

Sin embargo, en medio de ese éxtasis primaveral, de flores, columpios y de amor, llegó repentinamente la Severidad almidonada y con ojos inquisidores, vino a poner término a nuestro naciente idilio.... Así, nos vimos sorprendidos por la curiosidad de millones de seres, que habían asistido incrédulos y llenos de envidia, a tan hermoso romance. Antes de huir a refugiarte en las sombras de tu intimidad, leí, el que fue tu último mensaje de tus manitas. Al soltarte de mi, levanté ojos doloridos y vi como se humedecía tu lindo rostro.



Es el último recuerdo que me quedó de esa noche y de esa fiesta. Una botella de ron consiguió calmar mis odios y mis nacientes iras. Y allí me quedé sentado en la terraza, apoyado en tu columpio, meciendo tus sueños y los míos queriendo verte aparecer...No llegaste. Cuando la madrugada por fin irrumpió en mi desvelo, huí también despavorido a mi fiel soledad.


© Monsieur James

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