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domingo, 12 de agosto de 2007

LA PENA ES AZUL


En aquella esquina del recuerdo,
ojitos de mi padre,
embriagados de tristezas,
apenados como nadie.


Al mirarme se estremecen,
y vidriosos se me vuelven,
de penitas azuladas.
Sin embargo, en su mirada,
pedacitos de esperanza.


Yo, al mirarles les cantara,
"descansen tranquilitos"
¡ojitos de mi padre!

© Monsieur James



FRAGMENTO DE LA NOVELA - EL CASTILLO DE PI


Sentía una cierta pesadumbre instalarse en mis quehaceres profesionales.
El arte de pensar, siquiera, en una tardía jubilación como empleado del estado, me hicieron sentir un miedo intenso, brutal, entremezclando mis ideas por el horror de tanta barbarie y mi condición de estrecho y cagón funcionario de estado.

Si las leyes laborales no sufrían alteraciones mayores, me vería, todavía, si la salud me lo permitiera, a los sesenta y cinco años delante de un ordenador, probablemente sensorial y cibernético que reiría de mis años consagrados, con inocencia y comodidad burguesa, a una estúpida silla de escritorio, contentándome mirar la vida desfilar por mi ventana.

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Salí a la calle empujado por el deseo de liberarme de esa esclavitud enfermiza y por el anhelo de enfrentar otros desafíos que le dieran sabor a mi vida y pudieran justificar mis estudios y, porque no decirlo, tranquilizar un poco mi conciencia alejándome, en buena hora, de esa atadura estatal, que parecía izarme en cómplice de tanta mierda y también, por qué no decirlo, esa poesía misteriosa enracinada en mi alma y pronta a estallar.

Me levanté y casi maquinalmente seguí la mano de un destino, probablemente, pre-trazado y adquirí, sin saber la razón, de un kiosco de diarios, un mapa turístico del norte del país que contenía un pequeño folleto con un análisis sumario de las últimas investigaciones científicas, con respecto de la posibilidad de recuperar la genialidad escondida en algunos cerebros ó inicios del clonaje? ó llevadas a cabo en ese rincón del país, con la ayuda del incipiente ordenador...

*****

Mientras el aire contaminado de pólvora asesina recorría todos los rincones de la patria, un rumor de silencios se instaló en mi país. El trabajador cotidianamente sacudía su miedo, metía sus sueños bajo el brazo y paso a paso preparaba el camino a las amplias alamedas.

Se sucedieron años de atroces lamentos antes que se empezaran a conocer públicamente los primeros horrores del sátrapa y sus conjurados, dentro de los cuales un innumerable grupo de asesinos civiles.

En efecto, nuestro país, no ajeno a los sacudones sísmicos, es un hermoso balcón que se desprende de la majestuosa Cordillera de los Andes para recorrer las orillas del Pacífico, a través de un abanico de climas, de cerros y de valles. Estos paisajes fueron testigos silenciosos también, del más horrendo y cruel sismo moral de nuestra historia.

Transcurrieron años de terror y de pesada obscuridad para las víctimas más directas del odio fascista, que hasta 1970 parecían acomodarse, con aparente calma y disimulada resignación, frente a los atropellos e injusticias practicados a diestra y a siniestra por todos los gobiernos anteriores.

Si la oposición al fascismo, tanto al interior como al exterior fue inmediata, sin embargo, diez años más tarde, solamente, se empezaría a conocer, a partir de macabras casualidades y no menos diabólicos descubrimientos, los horrores que imperaron en el país luego que la derecha fascista local (conservadores + liberales) en contubernio con los demonios cristianos (centro derechistas) sumados a grupúsculos extremistas y al imperialismo yanqui, impusieran a una casta militar, la indecente tarea de simular una guerra interna que terminara con la democracia y con los pretendidos sueños de justicia y de libertad de la clase trabajadora del país.

Sueños que animaron, la vida durante, al más grande de los presidentes de Chile: Don Salvador Allende Gossens (1970-1973) y por cuyas ideas fue tildado de bandido comunista y asesinado en una guerra odiosa y mezquina de cobardes (los derechistas y los demonios cristianos) y de traidores (los mandos militares) y, posteriormente confirmado, por propias confesiones de "militares postergados" sumado a ellos los incontrolados civiles vende patrias de este país.

La historia militar chilena, hasta ese entonces, era el orgullo de su pueblo. Heroicos, invencibles, valientes, osados, orgullosos. (de bronce, los llamó Inostroza) Sin embargo...

El hallazgo en hornos crematorios de cuerpos de prisioneros desaparecidos seguido por la identificación de prisioneros políticos atrozmente mutilados y el descubrimiento de cadáveres enterrados a lo largo del país, sea en las arenas desérticas del norte o en las nieves glaciales del sur, sumados a los miles de prisioneros desaparecidos desde ese tiempo del terror, me puso tenso. Recordé ese siniestro día en que la impotencia invadió el corazón de miles de chilenos, mientras bombardeaban el Palacio Presidencial y los tanques violaban los sagrados recintos universitarios, las fábricas, las poblaciones matando, violando. Estas barbaridades, tantas veces banalizadas por la derecha y los partidos políticos tradicionales, eran hechos ciertos. ¡Qué espanto! ¡qué barbaridad!, fueron los gritos hipócritas de algunas viejas desconectadas, las mismas de la época de la marcha de las cacerolas.

***********

El centro de la capital hervía de denuncias. El pueblo gritaba y exigía la verdad. En todas las esquinas, grupos de mujeres y estudiantes se reunían para protestar vivamente por los detenidos desaparecidos. Ya perdido el miedo y, enseñoradamente, apoyados por partidos tradicionalistas, y de gran hipocresía cristiana, grandes responsables, en aquella época, del asesinato de la democracia y de las ilusiones más hermosas de mi pueblo, negándose al diálogo y al patriótico compromiso de seguir avanzando en vías de una verdadera democracia, que pasaba obligatoriamente por la justicia social, sin embargo prefirieron comulgar con los fascistas, los oligarcas y los yanquis y celebraron, casi con más entusiasmo, la llegada castrense. Su esperanza, apoderarse de la castaña con la mano del gato. Sin embargo, el nuevo y Augusto Emperador castrense, no les dio ocasión sino 17 años más tarde, luego de negociaciones, amnistías (no permitiré que persigan a mis soldados, fue la arenga de Pinochet antes de estampar su firma en un acuerdo de transición a la "demos-gracias que firmó") y el pago seguramente algunos millones de dólares. Cansados de esperar y engañados, desde las primeras horas del golpe, en que creyeron que el poder se los iban a entregar en bandeja, empezaron a tramar los hilos que les permitieran una vez más apoderarse de los mismos odiosos objetivos de siempre, tomar el poder y enriquecerse. Ya empezaba a descorrerse el telón del horror de la dictadura. Este horror sumado al coraje de un pueblo que no calla, les serviría de trampolín a sus infinitas y mariconas ambiciones. (Comienza la era del Satrapismo)

Los torturadores tenían una cierta predilección, para poner en práctica sus diabólicas flagelaciones, las minas abandonadas del desierto y la soledad de algunas islas antárticas que favorecían la cobardía y la impunidad. Lugares en que los mineros conocieron las primeras masacres de que fueron víctimas, por una casta de degenerados e inescrupulosos patrones y politicastros y que aún tienen cauce legal en mi país. épocas de oro del salitre y del carbón.

**

Se me calentaba la sangre pensar que siendo empleado del estado, me convertía en cómplice, más de cerca que de lejos, de tanta mierda.

Dejé mi renuncia pretextando nuevas ocupaciones y el escaso margen decisional en mis funciones. Una alegre ansiedad se apoderó de mis fantasías y por momentos creí ser la orilla de cuentos fantásticos y me imaginé cual Alí Baba, en medio de una ciudad de trompos y de centinelas de seda, queriendo robar el corazón de una princesa de cuya dulzura me sentí ya esclavo. Comprendí entonces, que mi corazón buscaba desesperadamente enamorarse. Partí el alma errante a buscar sosiego. Volví de pronto a mi realidad y me vi delante de un mapa recién adquirido, la mirada penetrante, queriendo descubrir el por qué y el camino de tan precipitados sueños.

Mi cansino hábito burgués me llevó primero a interesarme a las noticias y novedades relacionadas con mi especialidad, la informática. Me llamó la atención, un párrafo de banal apariencia, que decía relación con la presencia de un octogenario profesor extranjero, cuyo origen no se conocería que mucho más tarde, radicado, hace algunos años, en alguna ciudad del norte del país y que estudiaba e investigaba a partir de cadáveres no reclamados en la morgue de Santiago y que sirviéndose de experiencias genéticas y lenguajes ofamáticos, la inevitable manipulación del ADN (para tranquilidad de los lectores no es sigla de ninguna institución de tortura castrense) Aunque las experiencias, hasta ese momento, no parecían entregar resultados satisfactorios no es menos cierto que, a partir de esas investigaciones, algunos frutos y verduras alcanzaron proporciones desmesuradas y un tomate de 4 kilos vino a figurar en el libro de los récords. El aflujo de turistas por tan curiosas especies vegetales encendió la fiebre de los oportunistas y se alcanzó a construir un hotel de 30 pisos y los cimientos de un casino estilo caribeño. La euforia no fue más lejos y el hotel no sirvió para celebrar que una espléndida inauguración.


© Monsieur James

ENGREIDO II


Presumido, petulante
Suficiente y malandrín
Cobarde un tanto ruin
En el amor tonto amante.



Risueño y picaflor
Machista a la ocasión
Y poeta ladronzuelo.

Hurto amores
Siento celos y
Me encuentro la razón
Pues por tu camino voy
ENGREÍDO de tu amor
Mujerzuela de mis sueños.

© Monsieur James

EN LA CIMA


Se perdieron en la zigzagueante piel
Tu lujuria y
Mi lujuria.

Se embebieron de calientes humedades
Tu pasión y
Mi pasión.

Ahogamos la miel del beso, prolongando
Tu saliva y
Mi saliva.

Recorrimos la desnudez de cuerpos ofrecidos con
Tu lengua y
Mi lengua.

Y en la cima de la proterva locura
Tu espasmo
Mi orgasmo

Fueron uno solo.

© Monsieur James

EN ESTE PRECISO MOMENTO ESCRIBO


25 Abril 2007 - HORA 13:38 - VERDUN - MONTREAL - CANADA

Se me cruzan letras
¿qué escribir?
con este mágico encanto:

Orgullo
Felicidad
Emoción
Lagrimón
Incontrolable
Abuelo

Si, si, acaba de nacer.

© Monsieur James

ELVUELO 721


¡No! decididamente el avión no era para él. En algunas oportunidades tuvo que acompañar gente al aeropuerto, sus experiencias nunca traspasaron ese solemne marco de las despedidas o las bienvenidas de amigos, familiares o flamantes encargos. Poeta, hombre de realidades y de sueños, el avión constituyó el miedo esencial, prefería el espectáculo del cielo, con los dos pies en la tierra firme.


……..


Su vista se paseaba inquieta entre esa multitud alocada, nerviosa de papeles, registros y más registros. Mezclada también a la ansiedad de partir definitivamente y borrar los ajetreos cada vez más desagradables que forman parte cotidiana de lo riguroso de un vuelo.
Con el alma en un hilo, escrutaba rostro a rostro, quienes podrían, en la eventualidad, ser sus compañeros de viaje. Al fin desprovisto de sus maletas, y con todos los billetes necesarios para embarcar convenientemente en el vuelo 721 de la Canadian Pacific , tuvo conciencia que estaba desafiando, definitivamente, ese miedo que lo había privado de participar personalmente de algunos premios, a los que su prolífica obra le habría encaminado y a los que hasta hora no quiso asistir.

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Tuvo ansias de desistir cuando ya se disponía a subir las escaleras del gigantesco mastodonte del aire. Sin embargo cerró los ojos y se encaramó con el corazón palpitante al interior de ese artilugio volador. El ajetreo inmediato, lo puso de mal humor. Ocupaba el asiento que da a uno de los dos pasillos del enorme aparato alado. En más de una oportunidad tuvo que pararse para que otro de los pasajeros acomodara la única valija permitida a bordo.

Una vez que asumió en definitiva su suerte, hizo todo el esfuerzo necesario para conservar la calma. Se sentó lo más cómodamente posible y se aseguro bien el cinturón, siguiendo a la letra las indicaciones de la bella agente de vuelo. Trató de memorizar cada uno de las recomendaciones por ella formuladas y hasta creyó sentirse un poco más tranquilo por el aplomo de la agente. El avión decoló con exactitud meridiana.

No demoró, sin embargo, a inquietarse nuevamente.

—Todos tranquilos, nadie se mueve de sus asientos— resonó una voz ronca detrás de lo que parecía una atroz máscara y portando un moderno fusil recortado y que parecía vomitar ya sus llamaradas de fuego y de terror. Como en un acto instintivo de defensa, se secó el sudor helado de su frente. Mudo de espanto, se sintió paralogizado, aunque, en su fuero interno, deseara con todas sus fuerzas reaccionar ante la gravedad de los hechos. Quería levantarse, algo lo impedía, un peso hasta ahora desconocido lo agobiaba. Su voluntad infinita, no tenía eco en su morfología casi pusilánime. Sintió asco, y dolor; odio y rabias al mismo tiempo. En un segundo, lo liberó el espanto y la adrenalina lo empujó hacia delante con la desesperación convertida en llanto. En un segundo estuvo encima de uno de los presumidos terroristas, dispuesto a descuartizarlo si era necesario. Los gritos cundieron en ese encierro de alas. De pronto escapó un tiro que fue a dar en medio del pecho del infortunado poeta que se desplomaba casi sin aliento. — ¡Un médico! gritó alguien en medio del bullicioso Aeropuerto. Aferrado al pasamano, el poeta dijo recuperando la voz: —No es nada… ya pasó, gracias.

Ya un tanto aliviado, abandonó el recinto y se encaminó al estacionamiento, se quitó el saco y se dispuso a regresar a casa.

El avión ya se perdía de vista en la inmensidad del cielo….

© Monsieur James

EL MIEDO Y EL PENSAMIENTO


Se paseaba el viento
Con cierta perversidad…

¡Yo no soy perverso!
Soy el trueno que del cielo
Trae luz y claridad

Dijo el pensamiento:
¿Os provoca miedo?

¡Qué barbaridad!

Se paseaba el agua
Con cierta perversidad…

¡Yo no soy perversa!
Soy la lluvia que del cielo
Trae frescor y humedad

Dijo el pensamiento:
¿Os provoca miedo?

¡Qué barbaridad!

Se paseaba el mar
con cierta perversidad…

¡Yo no soy perverso!
Soy océano que del cielo
Llevo relámpagos de sal
Traigo el viento y traigo el agua
Y es en mi serenidad
Que mis olas tienen viento
Y lluvia mi mocedad.

Dijo el pensamiento:
¿Os provoca miedo?

¡Qué barbaridad!

© Monsieur James

ELLA, LA MARIA



Ahí estuvo siempre. ¿Cómo llegó a casa? Acaso mi madre lo sepa. María, hermosa jovenzuela, tendría en esos entonces unos 20 años. Traía junto a sus profundos ojos negros, la alegría su juventud y un maletín de mimbre con sus escasas pertenencias.
La miré con curiosidad innata. Empezaba, bruscamente, el despertar a los apetitos del alma y, sobre todo, a los del cuerpo. Bordeaba los 14 años. Los rostros de algunas niñas me parecían muy hermosos y en algunos ojillos, generalmente, concentraba mi alegre afán.

María me miraba y, sin conocer la razón, siempre parecía preocupada, especialmente por mí. — ¿Qué tiene mi niño? Solía preguntarme y yo voluntariamente me acurrucaba en ella aspirando su olor a jabón de lavar, a cloro y a sábanas limpias. Todo este ritual de sensualidad era mi más hermoso secreto. Sumido en su delantal y traspasado por la tibieza infinita de sus formas, en donde ella jugaba con mi pelo, yo convertía mis ilusiones en jardines de crisantemos.

Transcurrieron algunos meses, aquellos en que uno adquiere una gravedad innecesaria en poco tiempo. Entonces aquellos arrumacos, se volvieron, repentinamente, a los ojos de mi madre, muy pero muy inadecuados.

Probablemente hablaron, la cuestión es que María nunca más permitió que me acurrucara contra su falda. Sufrí de desencanto, me dio rabia y la vida me pareció injusta. Mi madre, (en esos tópicos) nunca fue muy comprensiva que digamos. Los días se sucedieron monótonos, aunque María reemplazó sus ternuras por una caricia al pasar, cada vez que nos cruzábamos en el camino, ponía sus manos en mi cabeza y me sonreía discretamente.

Sin darme cuenta cumplía mis quince años. Empecé un noviazgo bien bonito, sin embargo, todo vino con la velocidad de un rayo. La chicuela resultó bastante más avanzada en cuestiones del amor y naturalmente mucho más madura. Cada encuentro se convertía en un desenfreno en donde estaba, estrictamente, prohibido desnudarse, dado el escaso tiempo del que disponíamos. Es decir, no se podía desaparecer por mucho rato. Todo era cuestión de intervalos. En cada descanso, quedaba cada vez más y más excitado y confuso.

Cuando volvía a casa, María me miraba ya sin sonreír. Ella sabía lo que pasaba, pero yo no me atrevía a contárselo.

Un día cualquiera, desde el colegio nos devolvieron a casa. Ese día no hice la cimarra, probablemente, porque mis notas del último trimestre no me ayudarían a salvarme olímpicamente de un castigo bien merecido. Tras cruzar el jardín y acariciar a mi perro, entré a casa. Había mucho silencio, sin saber por qué, el corazón me dio un vuelco. Me puse muy nervioso mientras pensaba que María podría encontrarse sola en casa. Atravesé salón, dormitorios, comedor y finalmente llegué a la cocina. María sin advertir mi turbamiento, me apretó contra sí y me besó la cabeza.
—María, María dije..... ¿Estás sola?— pregunté, en un susurro de palabras.
—Si, me dijo sonriendo, pero cálmese. Su mamá acaba de salir. ¿Y usted qué hace a esta hora en casa?—
—Bueno es que... (El corazón se me agolpaba en las sienes y en la garganta) la verdad es que... no tuvimos clases y nos dijeron de volver a nuestras casas..... ¿Dónde fue mamá? ...¿va a llegar... luego?—
—Cálmese, ¿le pasó algo en el colegio?—
— ¡No!...— me apresuré a contestarle.... y me quedé más nervioso todavía, mientras que tranquilamente mi virilidad empezaba a pronunciarse contra sus piernas.
Me apartó dulcemente y me preguntó con gran ternura...
— ¿y eso? ¿Qué pasa?— dijo sonriendo y llevándose las manos a la boca.
—No sé María, cómo podría explicarte, si yo mismo no tengo idea—
—No se preocupe mi niño, son cosas de su edad—
— ¿Qué cosas de mi edad?— quise saber. —Me puedes explicar—
—No sé si deba— me dijo, al mismo tiempo que me apretaba contra ella.
Me abracé a sus caderas mientras mi incipiente masculinidad se masturbaba contra sus piernas.
—Me gustaría darte un beso— le dije como en una súplica que viene con el corazón golpeándome el pecho. —No me vayas a acusar ni te enojes conmigo— agregué atropelladamente, mientras restregaba con desconocido fervor mi abultada inocencia contra sus deliciosas piernas.
—Está muy excitado— me dijo. Es necesario que se calme.
—Crees que es muy fácil, no me hagas lo mismo que mi noviecita, ¿eh?— le supliqué de nuevo.
— ¡Quéeee! — exclamó. ¿Esa chica? ¿qué le hace esa chica?— quiso saber.
— No le cuentes a nadie— le advertí.
Me aseguró que guardaría el secreto y aproveché para novelizar un poco la historia de nuestros alocados y furtivos encuentros.
—Fíjate, me pide de abrir la boca y nos chupamos la lengua mientras ella deja caer sus manos para accidentalmente tocarme. Luego se retira muy rápido, se ríe y hace como que no hubiese pasado nada. Luego va a la ventana, se asegura que no hay nadie cerca y me desabotona el pantalón y me pide de mostrarle mi erección, ella se separa lo suficiente para mirar bien y darme el tiempo, por si alguien irrumpiera de improviso, poder reaccionar. De pronto, se acerca y me da un beso. Y otra vez se retira riendo. Te gustó, me dice... Luego me obliga a irme y no contarle a nadie. A mí me cuesta mucho arreglar mi pantalón, ella no entiende y parece gozar con la escena.
—Pobrecito mi niño— dice María .sonriendo....venga, agrega, tomándome de la mano....
— ¿dónde?.... no dónde Anita— agrego asustado.
—No pregunte— agrega dulcemente María y me dejo guiar...
Entramos al salón... silenciosamente nos acercamos a la ventana que da a la calle.
—Ya, mi niño— me dice. Mire bien atentamente por la ventana y que no venga nadie.... María me besa la cabeza mientras dirige suavemente sus manos y las acerca a mi pene. Con delicadeza y uno a uno desabotona el pantalón y acaricia mi pene con sus manos. Parece como si quisiera masturbarme, sin embargo, siento que se inclina tranquilamente, acerca su boca y me da un beso. Luego acerca su boca a mi boca y me susurra al oído, este es el besito que me pidió, ¿se acuerda? Yo siento su lengua en mi boca e instintivamente éstas se confunden y me olvido mirar por la ventana. Un rato infinito yo chupo su lengua ella me toma por la cabeza y baja mi boca a la altura de sus senos. Los descubro mientras los recorro con mis manos y mi ansiedad. Los beso, sus pezones parecen dos flechas ardidas apuntándome. María no deja de besarme la cabeza. De pronto……. En ese cielo andaluz, pierdo conciencia de la realidad. La emoción es fuerte, el corazón parece quisiera salirse del pecho. La agarro del pelo, se lo tiro con fuerza. Ella …………. . De pronto siento todo el universo perderse en María, ella sigue acariciándome y yo perdiéndome en los sueños más divinos y dulces que nunca imaginé...
—Nadie tiene que saberlo— me dice.....
—Nadie— le prometí.....
Quise besarle su boca, nuevamente.
—Otra vez será—me dijo, —ahora está en deuda conmigo....—
No comprendí qué quiso decir ni me atreví a preguntarle...
Pasaron los años. María nos dejó. Me casé, como todo buen varón, tuve hijos. Me separé, luego me divorcié... En fin....

Un día cualquiera, caminando por el sector Oriente de la ciudad me encontré de frente con María. Lucía bella. Me sonrió con la misma dulzura de siempre, aunque esta vez la sentí sonrojarse. La miré con mucho cariño y el corazón volvió a dar un vuelco espectacular en mi pecho. Estábamos contentos, no hay duda. La cerqué contra mí y le dije al oído:
—te debo algo y me gustaría saldar mi deuda...—
Me puso los dedos en la boca y me hizo callar.... Eran las tres de la tarde.... Nos tomamos de la mano.
— ¿Quieres acompañarme?— le pregunté.
— Sí, con gusto— me dijo...
Elegimos un lugar muy discreto. Ya en el dormitorio le pedí que nos acercáramos a la ventana. Nos reímos a carcajadas. Nos besamos tiernamente al principio y luego con una pasión desenfrenada. Levanté su falda y hurgué suavemente………. Palpé su humedad mientras la acariciaba con delicada ternura. María empezó a gimotear calladamente. Le acerqué mi boca a su boca y nos besamos nuevamente con pasión. Nos mordimos, nos…….s. Busqué desnudar sus senos, y empecé a recorrer su cuello con mi boca sedienta. Sin darme cuenta, mi boca devoraba sus rosados y endurecidos pezones, como nuestro deseo. Bajé delicadamente por su cuerpo y recorrí con mi lengua hasta su dulce feminidad. Enloquecida acercaba con fuerza mi cabeza contra sus piernas, mis besos la excitaban y la hacían perder el juicio. Súbitamente se retuerce en espasmos de locura, de felicidad, mi boca empieza a subir por su cuerpo hasta terminar en su boca. Llega la calma.
Nos dormimos plácidamente.
— ¿Y ahora que estamos pagados?— me dice.
—María, ahora nadie será capaz de separarnos—
—Mi niño— sonríe María.

El cuento termina aquí.

Hace 10 años que vivimos juntos y felices.
Nuestros juegos infantiles, empiezan siempre frente a cualquier ventana.

© Monsieur James

sábado, 11 de agosto de 2007

EN TODAS LAS ORILLAS DEL OTOÑO, UNA FLOR


Ne pouvant abriter ma vie
Que dans la solitude de mes pensés
Je me suis mis à marcher
Le long de chemins étroits
Et en martelant mes doigts
Sans rancune et sans amour
Retombe-je dans la contrée
De ces jours maudits.



Esta vez quise orillar el otoño. Quizás mi propio otoño. Entonces, al sonido de mis pasos inciertos, caminé indeciso, lo se, hacia el límite colosal en que los senderos de la vida empujan los avatares de la vida y conforman una especie de balcón maderero desde el que volviendo tu mirada, observas por momentos incrédulo, ese pasado lleno de emociones. Desde allí tu cielo se estrella con el fulgente mirar del agua, y la tierra. En ese transitar pedestre y húmedo, me sentí empujado por tu silencio y mi silencio. Sentí también la caricia de esas hojas que cayendo sobre mi, parecían acentuar el colorido bucólico de mi alma. De pronto el murmullo del agua y ese frío nórdico de las riberas del San Lorenzo, me recordaron tu pesada ausencia. Se sumó a esta delicada emoción, esa blancura de nieve que vino a purificar la tristeza definitiva de mis ojos. Sin embargo, no me detuve y seguí caminando olvidado ya de ese balcón y por cierto repitiendo con mi voz tu querido nombre y recogiendo hojas multicolores para adornar tu dulce añoranza. Recordé tu canto, me abrigué en la piel aún tibia de tus manos y quise ir más rápido. La velocidad de tu olvido acentuó la cruel distancia y mi caminar se hizo más denso. Pero qué importa, en la incertidumbre de ese olvido no pude ni podré olvidar, lo se, la ternura de tu amor y el fuego intenso de tu naciente pasión. Y aunque este otoño recién comienza, en todas sus orillas, te seguí y te seguiré buscando. Acaso un día, de todas las orillas del otoño, recupere una flor.


Suzie

Toi, tu es douce et petite dans ta démarche sensuel et féminine. Colossale dans tes gestes devant la vie. Dans mon cœur d’homme une géante généreuse. Pour moi, une perle de fantaisies dorées. Dans la distribution de rôles pour la comédie de la vie, simplement Suzie. Dans ma vie, l’architecte qui dessine mes rêves. Dans mon âme, la lumière qui nourrit mon spiritualité, parfois si fragile. Dans mes rêves le sourire du lendemain et dans mes pensées, la certitude de ma joie.

© Monsieur James

EL DIA DOMINGO (AÑOS 60)


En mi época de niño, despreocupado de las tareas escolares, el día domingo fue, en general, un día de fiesta. Sí, convengo y es verdad, precedido con el santo rigor de asistir a la santa misa. Inmaculados, por la agobiante tarea de buscar los mejores trapos, lustrar bien los zapatos, pero que importaba si a ello seguía la fiesta.

En los sagrados sermones, solía distraerme con las imágenes que circundaban la parroquia o bien con las estatuas de santos y arcángeles que peleaban con un demonio con cachos en la cabeza y colas que siempre terminaban en puntas y siempre atravesados de sangrientas flechas.

De pronto surgía al improviso, esos coros angelicales que llenaban de cánticos religiosos ese lugar sagrado. Permitían desviarme de las atrocidades que ya estaba imaginando en mi atolondrada cabecita. Me gustaba cantar. Luego de la ceremonia principal, y en la que por costumbre me llegaba un coscacho, aparecían en hilera los “mochitos” alargando sus bandejas para recibir la sagrada limosna. Mis monedas sonaban con estrépito, pues las tiraba desde lo más alto, sabía que con aquello mi padre ganaría una sagrada sonrisa del mochito aquel y yo una cariñosa despeinada de mi pelo engominado a rabiar. (Cuando no era gomina, pues me ponían jugo de limón)

Las últimas oraciones ponían término a la ceremonia y luego de la bendición mi corazón se aceleraba, a sabiendas que la fiesta de cuchuflis, (galletas rellenas de manjar blanco) de sustancias, barquillos, helados y otras golosinas, irían a desmejorar los atuendos domingueros, con la famosa mancha del domingo.

Así, de la salida del sacrosanto recinto, nos dirigíamos a la Quinta. Lugar de naturaleza, de globos, de payasos. Cuando se podía, tenía derecho a una vuelta en trencito. El sol era espectacular, las sombras de los árboles el lugar ideal para las caminatas y que mejor que detenerse a admirar las obras del museo de ciencias naturales, para despedir esas mañanas en familia.

El hambre hacía su llamada, y no era cuestión señores de entrar en góndola a casa, no señor, ese mañana tan especial era festejada con una vuelta en taxi. Qué lindura, escoger un Chevrolet o un Ford del año. ¡Qué fiestas aquellas!

Hoy miro a los chicos de ésa, mi edad, con una cuerda al cuello y de medallita la llave de casa, jugando los mismos juegos en una pantalla de teléfono y ensimismados en sus músicas personales y en una terrible y moderna soledad.

¿Me estaré poniendo viejo?

© Monsieur James

EL CUENTO A MARGARITA


Y así dice el abuelo:

Ven Margarita y escucha
este cuento para vos
fue bordado con tu anhelo
de una estrella que en cielo
te está ofreciendo el Señor.

Y tú volaste al encuentro
de ese hermoso prendedor
Princesa Debayle
sin intento y por el viento
obedeciéndole a Dios.

Entre Reyes y elefantes
por las arenas del mar
brilla en tu pecho la estrella
de tu cuento y mi soñar.

© Monsieur James

EL AMOR SE VA


Tengo frío sin razón
No estoy enfermo
Un grito de mi corazón
¡OH Dios!
¿Qué es lo que siento?

Florecen miedos
¿Sin razón?
Ya es menos cierto
Con este grito de dolor
A lo mejor
Busco consuelo.

Te tuve tan cerca
Y ya no estás
Nunca supe si te vas
¡Maldita mierda!

Y estoy llorando
Ya lo ves
Y aunque te vayas otra vez
Te seguiré amando.

Y vos tan fría
En tu mirar
Como velero que se va
Por lentas aguas.

No te preocupes por mí
Ni vuelvas ya la cara
A ver si voy yo mismo a empujar
Con mi tristeza y mi penar
Ese velero de tu mar
Con mis propias lágrimas.

© Monsieur James

EL AMANTE EN MI


En la tradición auténtica del amante
—Poco importa si este es hombre o si es mujer—
Esta hecha de placeres y de llantos
Y de enredos entre un amor y otro querer.

Impertinente será la tinta que derrame
En manejar esta enorme realidad
En que toda la pasión no es sólo mentiras
Gran parte de ese amor no es que verdad.

Y asegura el amante:

Mi alma es una artista vacilante
Que modela mi sentir y mi ansiedad
Sin embargo mi amor es algo grande
Que limita mi pasión con mi soñar.

Yo me entrego con ardor al laberinto
Y traiciono sin suplicio mi querer
Con mi pluma escribo versos mas yo pinto
Con mis ojos otro cuerpo en mi placer.

¿Qué quieres que yo haga mi chiquilla?
¡Nací bohemio y con el alma enamorada!
Tengo el corazón de un alegre palomilla
De mujeres por amor yo soy ladrón.

© Monsieur James

DUDAS


Tu nombre, mis sienes atolondra,

contento mi corazón galopa,



corceles de blanco invierno

y gacelas de colores.

¿Qué será lo que canta el alma mía?

y ¿qué será lo que calla tu boca?

© Monsieur James

viernes, 10 de agosto de 2007

DON PANCHO AJI


Mucho tiempo atrás, cuando la reforma agraria aún no existía ni siquiera como vocablo "revolucionario" ni la conciencia campesina, despertaba de su humilde torpeza, Don Rafael De La Cuadra, sentaba sus reales en el fundo "Las Acacias" en las proximidades de Rengo, propiedad que heredara de sus tíos abuelos, en una mañana de septiembre de fines del 1800.

Director de la escuela pública del pueblo, Don Rafael contaba con la simpatía general de todos los vecinos acantonados bajo su dominio. Hombre justo, según los dictados de la época, Don Rafael buscó siempre el contacto humano con el mismo calor conque repetía sus lecciones en los bancos de su escuela desde hacía ya varios años y con el mismo celo de Director. Doña Susana, deslizándose cual ángel guardián, y ayudada por dos nanas: María y Carmela, ocupaba sus jornadas a los quehaceres domésticos sin descuidar, por motivo alguno, las atenciones especiales para un hombre casi-generoso.

Una vez instalada la familia en su nuevo recinto, Don Rafael vio multiplicado su trabajo de atento Director y dedicado profesor con las nuevas tareas requeridas por las tierras heredadas. Aquí, podría pensarse que Don Rafael cambiaría de actitud frente a su nueva situación de hombre afortunado, sin embargo, se aferró a su profesión con más ahínco y pasión y delegó la mayor parte del trabajo del fundo a Don Pancho Ají y la administración burocrática cayó en manos de dos ilustres tías abuelas, cuyos vozarrones espantaban al diablo y cuya bondad, sin embargo, enternecía los jardines de la plaza.

Un día Don Rafael, dada la importancia de su nueva situación, fue requerido por las instancias del pueblo a formar parte activa en la vida social y política del país y por ende recibió elogios estridentes de ambas formaciones derechistas que se disputaban y se apropiaban de su colaboración oficial. Don Rafael, con la tranquilidad y serenidad acostumbrada, manifestó elocuentemente de la necesidad imperiosa de abstraerse de discursos inocentes y trabajar sin descanso no solo en función de acrecentar la riqueza privada, sino también de mejorar el nivel de vida de los trabajadores y del poblado en general. Este discurso corrió como peste en la Capital, y aquellos que se disputaban su simpatía olvidaron sin ambages tan singular habitante.

El discurso pronunciado por Don Rafael y el carácter solemne de la reunión lo indujeron a pasar de la palabra a los actos y así fue que, a partir de ese momento, se hizo un deber de dedicar a su escuela toda la atención que le permitía su nueva posición económica. Aumento considerablemente el número de matrículas incitando, al mismo tiempo, a los campesinos de enviar a sus hijos a la escuela y creando uno de los primeros desayunos escolares, medidas que algunos años más tarde privilegiara el gobierno de Don Salvador Allende en su efímero mandato presidencial.

La vida siguió su curso normal en los parajes, Don Rafael fue creciendo en la estima de la población campesina y sobre todo en la de "Don Francisco Soto". Francisco Soto nació trabajando. Desde su tierna edad nadie le conoció parentela y según rezan los rumores pueblerinos, su exquisita bondad hizo del niño Francisco el regalón de todas las madres. Sin embargo, Francisco Soto sufría una pena infinita que no compartía que escasamente con sus propios sueños. Por muchos años el niño Francisco vivió apegado a las faldas de una viejecita que le recogió con la misma bondad de esas mujeres que alumbran la pobreza y que Francisco creyó su madre. Un día, mientras ella agonizaba en su choza, Francisco salió desesperado en busca de ayuda. Su desesperación llamó la burla de algunos jóvenes y en una riña sin cuartel Francisco Soto hizo comer el polvo a un par de esos jóvenes, quienes como última ofensa a tan ignominiosa derrota lo increparon diciéndole ¡pa’qué tanto alboroto gancho, si esa vieja ni siquiera es su maire ! Francisco Soto escondió la cara, volvió precipitadamente a la choza que compartía con su viejecita y fue tarde para constatar la verdad que encerraba tal afirmación. Doña Adelaida sonreía en su lecho, feliz de no poder satisfacer la horrible curiosidad de Francisco. Francisco permaneció encerrado llorando su desaliento, cuando decidió volver a sus quehaceres, sus ojos quemados por las lágrimas abrieron sus párpados inferiores en un color rojizo y húmedo hacia un abismo incalculable. Desde ese momento, Francisco Soto se convirtió en Don Pancho Ají.

Los nuevos conceptos humanos adoptados por Don Rafael con respecto de la administración de sus bienes no solo lo alejó de los políticos rapaces sino también de sus antiguos vecinos. Este hecho, en vez de desagradar a Don Rafael, le permitió trabajar más estrechamente con sus colaboradores y acercarse, entonces, aun más a Don Pancho Ají.

Dos años se sucedieron en aparente calma y de la noche a la mañana Don Rafael fue removido de sus funciones de Director de escuela y seis meses más tarde declarado inepto para la enseñanza. Ambos oficios, debidamente autorizados por el régimen de turno fueron rudo golpe para Don Rafael. No es mi interés aquí relatar la naturaleza absurda de los majaderos de siempre, mi relato quiere destacar esos pasajes conque el hombre coge las herramientas de la esperanza para forjar la vida, ésa que vale la pena vivir.

Pero su proyecto no lo detendrían necesariamente allí. Don Rafael, sin otro recurso que sus tierras, dulcemente se fue desprendiendo de ellas en beneficio de sus trabajadores y sus familias. Así a cambio de servicios, y que fueron numerosos ya que la familia de Don Rafael contaba una decena de jóvenes y de niños además de dos tías abuelas y las nanas, Don Rafael fue cediendo sus tierras a nombre de esas familias, echo que ennobleció aún más su vida.

Con el correr de los años, la zaga familiar fue mejor comprendida, sin embargo, ya fue tarde para intervenir. Don Rafael terminó cediendo la última porción de tierras a Don Pancho Ají, uno de sus más leales colaboradores. Don Pancho no podía aceptar lo que sucedía en la vida de su patrón, su amigo o tal vez el único verdadero padre que él conoció.

Del fundo, quedó una casona con un enorme patio y que sirvió a los primeros nietos y para regocijo de esas tías y tíos que vuelven sonrientes y satisfechos de la vida que un día mostrará en esos caminos, "el abuelo Rafael". Don Rafael se instaló en Santiago en un caserón que permitía a sus adolescentes hijos ir y venir por los nuevos senderos.


La noticia de la muerte de Don Rafael, entristeció A Don Pacho. Con la ausencia del abuelo, Don Pancho Ají aseguró esa presencia, casi necesaria en el pueblo. A la muerte que siguió de cerca a la del abuelo, ese poblado entero se desbordó en una acuarela de flores.


................

Mientras tanto en la capital........

Los nietos se multiplicaron, las nuevas familias fue el núcleo que fortificó el entorno de aquel hombre magnífico y paulatinamente ese pasado campesino y pueblerino se fue perdiendo en la longitud de su vida.

Don Rafael se durmió una tarde al lado de la abuela. La casa se inundó de familiares, de amigos y sobre todo de nietos que ajenos a la tragedia que ocurría en el salón de la casona, jugaban sus fantasías por patios y avenidas de flores. Las mujeres reunidas solemnemente y en estricta oración denudaban interminables rosarios en un círculo casi macabro en que cuatro enormes cirios parpadeaban incandescentes, la soledad. Los hombres, reunidos en un salón contiguo discutían de esto y lo otro, ajenos por el celo de la situación a lo que ocurría en el salón principal pero atentos siempre a cualquiera eventualidad. Los llantos de un par de tías se confundían con los gritos de los niños que más ajenos que los hombres celebraban con indescriptible algarabía la magia de encontrarse sin ese control estricto de disciplina, impartido por aquellas tías, en otras ocasiones, insobornables.

Llegó la noche, los lamentos se hicieron cada vez más tristes, los hombres se acercaron a consolar a sus mujeres, el griterío juvenil dejó paso a los murmullos, a la tristeza y al consuelo y en esa quemante serenidad y silencio, se abrió paso un hombre ligero como el viento, venía vestido de riguroso negro y sombrero de lluvia, traía un ramo de flores en sus manos. Se acercó a Don Rafael, se descubrió y la pálida luz de los cirios se advirtieron los ojos rojizos y llorosos de Don Pancho Ají. Después de un solemne momento, depósito su ramo de flores y sin pronunciar una palabra se encaminó de nuevo a la oscuridad.


© Monsieur James

DOBLE SILENCIO Y TENEBROSO


En el lúgubre silencio de los ruidos
Me encontré un arcángel misterioso
Caminando por las piedras de la noche
Bajo un triste sombrero carcomido.

En el místico lugar ensombrecido
Por la cementada campana de la Iglesia
Umbrío
de cenizas y acuarelas
El llanto muchedumbre allí comienza.

El doble silencio es un plañir latido
De dolientes cementaras de topacios
El velorio es doble, su silencio tenebroso
Del lúgubre aullido del arcángel
Que silencia el murmullo de un palacio.

Mi voz tiene oros y arrastra cristales
Mi pluma lagrimones y pañuelos
Vayan las estrellas del triste estío
Y coronen con mis versos sus desvelos.

En un doble desasosiego, desaparecí.

© Monsieur James

DIVERSION Y RECUERDOS


Me divertía mirando como el sol dibujaba la sombra de mis pasos. Por momentos creí perseguir mi destino corriendo tras esa sombra, en otras me parecía avanzar sobre sus hombros al momento que desaparecía bajo mis pies y en el momento de mayor excitación me imaginaba perseguido por mi propia oscuridad.

Estuve absorto, un buen momento, en ese inocente divertimiento dentro de toda mi paz. De repente, surgiste de entre esas sombras y me sentí sacudido por tu presencia. Te adivinaba y el roce de tu caminar impreciso y ligero como una paloma, turbó mi calma. Alzando la vista, casi con temor, mis ojos se detuvieron en los tuyos y trataron de dibujar, en ese segundo que me regalabas, tu hermoso rostro terso y sonriente. Advertí en ellos la ternura de tus gestos y agradecí el privilegio de la casualidad que me ponía frente a ti y que en ese momento estaba viviendo. —Qué hermosura— te dije... en mi silencio.

Afirmé con franqueza el brillo de mis ojos para mirar tu interior mientras fijaba mi vista en tu magnífica postura. Tu pelo miel adornaba una exquisita sensualidad recién naciente de una chicuela adolescente. Quise olvidarme del peso de mis años y caminé apresuradamente, casi con la velocidad de la luz, a mi adorada juventud. Me detuve en mis veintitrés años. Volví a mirarte ahora con mis ojos de muchacho y comprendí rápido como la luz de un relámpago que volvía a enamorarme, como aquella vez, como aquella primera vez.... los segundos se sucedieron en medio del silencio....

De pronto, el miedo vino a apoderarse de mi ser y me paralizó el alma. La historia de mis fracasos y mis dolores me empujaron a huir despavorido. Hice todos los esfuerzos necesarios para olvidarte en el acto. Sin embargo sentí tus ojos reidores perseguirme con la insistencia de las niñas enamoradas. Seguí estático y plantado en ese verdor y en esa sonrisa.... De pronto una voz cristalina se escapó de tu boca, de tu magnífica boca y pronunció descabellada pregunta que todavía irrita mi oído: — ¿puedo hablar con Claudio?— Un suspiro apuró una lágrima. Me sentí liviano como una paloma, feliz de sentir mi corazón roído de esa fugaz angustia de amor.... y fue ahí, en medio de mi alivio y de esta extraña alegría, que recordé que mi hijo Claudio, cumplía sus 23 años. —Sí, te sonreí..... y en medio de mi amor, volví a jugar con mis sombras....

© Monsieur James

DESVELO


“Los eméticos nunca intuirán
Toda la ternura implícita
Y todo el quebradizo sigilo
Que se vive en un verso”


DESVELO

Oí tu palabra al alba,
Entre visiones suspendidas e inmortales
Llevaba tu modulación, bramidos de océano y rumor de brisa
Apresaste mis comisuras en besuqueos puros

Te comí con la vista, me otearon tus ojos,
Fanales que todavía lloran
Complacido al desconsuelo en manto de eternas lluvias
Mis ojos ásperos ostentaron tus párpados
Y una partícula nerviosa cristalizó mi cara.

Sacudí tu oprobio
y mi terreno encantado acorraló mi litoral
No tenía madero, ni paletas, ni mar adentro
En donde mitigar mis quimeras…
Anhelé un poco más de esfuerzo

Prometo que tu sustancia residía en aquel lugar
Bajo los lienzos de mi camastro
Entre indiferente, jugosa e inmóvil
Y gratamente tácita.

Debajo de mis sudarios...
... ¡JESUS! Que tu esencia permanecía.


© Monsieur James

DESPEDIDA II


Me tiemblan las palabras
Y mi alma de Poeta
Que ya siento como la nada
Me ha hecho un nudo de emoción
Y de sombra en la garganta.

Amigas mías; lindas amigas
Les dejo el corazón
Déjenme conmigo
Llevarme el alma.

Treinta años van de éste mi deleite
Con que compartí con ustedes dulces sueños
Hoy, el destino parece ser el suelo
Dulce y querido de mi patria.

Me llevo conmigo vuestra amistad
Y también la fría nieve y castellana
De este país tan lindo, Canadá;
Mi Québec será siempre mi ciudad
Con sus planos y paseos de esmeralda.

Me las llevo a cada una
En mi canasta
Una lágrima vertida
Para mi amor por ustedes
Yo se ¡no me basta!

Aprendí del amor de un Continente
Mis amigas, todas mis amigas
Yo se muy bien que no puedo
Llevarme ya nada
Les dejo el corazón
Y también les dejo mi alma.

Déjenme llorar esta amistad
Que mi amor abraza.

© Monsieur James

DESPEDIDA


Cuando desde la lejanía nórdica de un pueblo francés, mi recuerdo te estremezca de melancolía, sólo en ese momento sabrás comprender, que el silencio bochornoso con que pierdo el equilibrio, está ligado a la esperanza inmóvil en que permanezco detrás de la puerta del baño, esperando el turno para hacer pipí.


© Monsieur James

jueves, 9 de agosto de 2007

DEPRESION



Ayer jugaré con el presente

Mañana me escondí de ti

Y en ese ajetreo febril

Un pretérito dibujante

Me perderá de allí.

© Monsieur James

DE VIAJE


En medio del desorden me distraje en mil y un pensamientos.

Me llevaban de paseo, pero mi caminar necesariamente era otro.

Iría acompañado de mis familiares, que habían esperado tanto tiempo aquella visita, desde que los dejara en 1975.

Pero mis manos estarían prendadas a todo un abanico de recuerdos. Antes de partir definitivamente, siguió una última inspección preventiva al vehículo que nos llevaría por cerros y montañas de mi inolvidable tierra.

Se llenó el estanque y ya perdí en realidad el sentido de los gastos compartidos. La verdad ya nada debía tener importancia. Estaba respirando mi tierra y sus recuerdos, ésos, mis sagrados recuerdos, que me cubrían de una febril agitación ignorada hasta allí.

Entre irritado y tranquilo, sin embargo, un desasosiego se me escapaba por todos mis costados, en mi delirio conté hasta seis lados. Hasta la suela de mis zapatos me prometía rememorar aquellas sensaciones que me han acompañado a lo largo de mi exilio. Destino, para ellos, algún lugar en el Sur, adornado de sus playas y sus campos, sus aromas de jardines y sus mercados, para mí otro era el sabor que me esperaba.

Olores de tierra dulce
Procesión de cerros y montañas
Olor a playas
Ojos de mar
Sabor a mariscos
gusto a vino
especias y sal.

Una mano de mujer dibujo los contornos de mis angustias, suavizando como una lámpara la oscuridad de mi soledad y mi travesía. No supe que nombre ponerle, imaginariamente la llamé «ma fille». Me parecía extraordinario ir cruzando esos parajes entre la algarabía creciente de mis familiares y mis intrincados sueños. Mis últimos amores, habían desecho la cortina de esas ilusiones que nacieron en mi tierra. La lengua de Molière, con su sensual entonación me hizo abrazar mis nuevos «souvenirs», que hoy paseaba por antiguos recuerdos.

Como previsto, la Lan Rover luego de cinco horas de ruta, se detuvo en el acostumbrado restaurante en el que me ofrecieron con gran alegría, una cazuela de ave. ¿Cómo decirles que las costumbres cambian y que es necesario irse ambientando poco a poco a ya tan lejanas costumbres? Al mediodía, no me apetecía en absoluto un caldo caliente y aceitoso, hubiere preferido, sin lugar a dudas una fruta, que se yo, un melón, una sandía, en esos exquisitos calores camino al norte del país, sin embargo, el humeante plato me rememoró con exquisita claridad, algún tiempo ido. Sentí que querían liberar las manos de mis «souvenirs» de esa tierra de nieve y frío que había dejado atrás.
¿por cuánto tiempo?...

© Monsieur James

DISPARO DE ANSIEDAD


Hoy descargó tu acceso la agitación en mis comisuras,
hélices-mimos vacantes caerán, a manera de novísimo candor,
estremecimiento del ímpetu que escalda la mocedad,
intento de bregar la piel embarazada y cándida de mudez;

Siento miedo…

En abandono con denuedo del lamento magistral, advierto,
roer el mancebo aleteo, por agraciarte, en mi desnuda entidad,
el quid del aliento, al centinela de tus coplas y trovas, la armonía,
en que vedadas loas de mi badana justifican, el ir sujeta a tu prosa.

Delineadas por pintas grafías de melazas y brujerías,
almizclen tu letra y sangren tus favores candentes, poemas,
forjen de tu albergue ser predilección; formados en el mismo enunciado,
saquees anuencia con escondida mano a la línea de musa armonía;
se estremecerá la zarpa cuando el timbre de tu boca grave mi desmayo,
estrofas que incrusten la médula, despojando púdico espasmo.

Acepto sigilosa…

Arpones serán los labios que entierren, amor mío, la comunión del vigor
fosforescencia fortuita que consolará la congoja de tu resabio en el fervor,
dedos atrapados a la presencia de mis letras caracolas
Acabando en el latido de tus vocablos, sostén de mi propia cartografía

Entonces, cuando reviente en convulsión de añoso tiempo,
sempiterna seré a la espiración, por ser la elegida…
de tus locuras.

© Monsieur James

DETÉN TU GESTO SUICIDA


Tu grito de niña herida
Tejió lagrimas de vidrio
En el precipicio suicida
Que se escapa de tu limbo.

Mi alma se horroriza
Ante el reflejo desesperado
En las cuerdas del ahorcado
Que mi sangre inmoviliza.

O en el enorme vacío
Que separa allá en el puente
Las alturas de la muerte
Con la corriente del río.

Niña, separa tu albedrío
De tan negro pensamiento
Yo te mando con el viento
Mi amor y mi apellido.


Detén tu desventura niña
Detén tu lágrima de pena
Abraza la luna llena
En medio de las viñas.

Deja ahora soñar mi estro
En los caudales del río
Déjame llorar contigo
Todo el dolor y tu delirio.

© Monsieur James

CHIQUILLA DE CIELO


Excitas mi pluma
A versos de alcoba
Y así tú me robas
Pasión y aventuras.

La tarde sucumbe
Asoma la luna
Gitana es mi pluma
En gitano vestido
Mi tinta fortuna
Tu cuerpo desnuda.

Hidalgo en mi sueño
Describo tus senos
Pezones dormidos
Que beso y despierto
Y empieza un concierto
De dulces gemidos.

Excitas mi pluma
Chiquilla de cielo.

© Monsieur James

lunes, 6 de agosto de 2007

CREO


Creo que la lluvia moja tu pelo
Que el viento mece mi ansiedad
En el color de tus ojos verdes, creo
Y en el principio de la verdad.

Creo en la casualidad del cielo
En el abismo de mi dolor
En la última falange de mis dedos, creo
Y en la caricia del desamor.

Creo en la libertad del pensamiento
En la infinidad del Universo
Y en su maravillosa rotación
Creo también en el perdón
Y en la virtud de la otra vida.

Creo en la magnitud de la hormiga
Y en la pequeñez del tiburón
En lo blanco del carbón, creo
Porque así lo quiero yo.

Creo en Santa Eleonor
Y en el Redentor Maestro
Y a pesar de mi desventura, creo
Lo juro, todavía en el amor.

© Monsieur James

CONTRICCION


Me alzo como Dios y estoy pecando
Me elevo como Lucifer mintiendo.

Sé que el poder es mi anhelo
Pero soy apenas un vulgar lamento.

Y ese Poder
Perdón, no lo tengo.

Quién es bueno o el mejor; presumo
Porque presumiendo, no me siento muerto.

Ayúdame con tus Molinos Don Quijote
¡De los mil vientos!

Necesito que entiendan, lo que estoy diciendo.

© Monsieur James

CONCIERTO


En el Gran Teatro
hay un pre-acto que desarma.
Afinando cántaros de dulces aguas
preparan el tiempo los concertistas
para una música espectacular.



La madera entregará resonancia
los bronces alimentarán la audiencia
el oboe será gemido distante
los violines cuerdas con sus sedas.

Concertina de oído maestro
coordina de los sonidos el registro
el telón deja ver ya la orquesta
de gala se ha vestido
sublime, el director.

Los aplausos parodian entusiasmo
la venia precede las corcheas
que dan inicio a feliz armonía.

Es el tiempo de la hoguera
y los tambores
anuncian la historia que comienza
los clarines hacen público el temor
la tragedia la suaviza el violón
todos expectantes a vil comedia.

Los violines dan detalles del desliz
del amor que separa dos amigos
prendidos de la misma mujer;
el oboe irrumpe de testigo
se repite el drama de un querer
las espadas las cruza cruel destino.

La alborada de galanes es batalla
el amor lo defienden las guitarras
un solo de bronces ¡qué caramba!
anuncia la muerte del que ella ama.

El oboe purifica la mañana
la doncella es dulce, mas impura
y es música de infinita lágrima
la orquesta se reviste de metrallas
el telón de púrpura que lento baja
la ovación pone término a cruento drama
drama de amor y de batallas.

© Monsieur James

CUENTO EN PROSA Y VERSO



EN PROSA

La lluvia mi espalda humedece e hizo, el regreso a casa, más triste.

Fui a esconder la cara, vencido de penas.

Ya de frente al espejo, por tu alma, pregunté y aunque respuestas no tuve, que alivian y calman, sosegado, me sentí . Me fui a la cama, olvidando el espejo .

Advertí que en el espejo, y ya a punto de dormir, alguien lloraba.

EN VERSOS

La lluvia humedece
mi espalda
e hizo más triste
el regreso a casa.

Vencido de penas
fui a esconder la cara.

Ya de frente al espejo,
pregunté por tu alma
y aunque no tuve respuestas,
que alivian y calman,
me sentí sosegado
y olvidando el espejo
me fui a la cama.

A punto de dormir,
advertí que en el espejo,
alguien lloraba.

© Monsieur James

CHIQUILLA


En el dulce abismo de tu beso
Buscaba el temblor de tus labios
sabía que mi sensual deseo
podría causarte agravios.

Sin embargo en tu ternura
no prohibiste mi pasión
sentí latir tu corazón
mi locura tuvo miedo.

Quise detener viril impulso
mas el amor nos empujaba
a ese abismo que embrujaba
y que desprecia el temor.

La cadencia se hizo lenta
tu piel fue mi regocijo
mis caricias te durmieron
al borde de un precipicio.

Mañana cuando despiertes
abrazada a mi cintura
te regalaré la luna amor
por todo lo que me diste.

© Monsieur James

MUJER EN MI SILENCIO


Vaya mi apartado murmullo
Agradando los tiempos de mis demencias
En que era enlazada tu esencia
Con el vocablo que florecía mis ternuras.

Hoy un tedio invade mis mochilas
Que se han ido vaciando de desprecio
Páginas, cuadernillos o simples hojas
Que tiñen de sepia tu recuerdo.

Ya no te distingo, más bien te envuelves
En la monotonía de una retentiva universal
Y te quedas tal demacrado espectro
En las orillas de mi postrero caminar.

Si pudiera llamarte, no me atrevería
Ni tu nombre puedo pronunciar
Entonces en mi último vagar
Te llamaré “mujer” en mi silencio.

© Monsieur James

NUESTRO COLUMPIO


Por las primaveras del 1960.

Carrascal

Esa madrugada vino insinuando cantos ligeros. Ilusiones tardías habían celebrado una noche de columpios. En ese día tan especial, miraba incrédulo nacer el día desde la terraza, en que en tardes tibias de noviembre, balanceabas tus sueños y los míos.

Desde las veredas del sol, mis ojos habían fijado el remolino de faldas en tu alegre vaivén, en momentos de mis paseos primaverales... El tiempo multiplicó esos atardeceres y......

Esa noche, despertaba a una realidad, a una trágica y hermosa realidad. Te habías convertido en la princesa real de mis paseos primaverales. Estabas vestida de fiesta y radiante te vi venir.

Aspiré tu aroma tan deseado y aprendí de la lectura de tus manos, en ese baile casi inconcluso de aquella noche. Me pareció poseer todas las riquezas del mundo al mismo tiempo que parecíamos desaparecer en un baile de columpios. La ligereza de nuestros cuerpos en ese baile, me dejó la sensación de una danza de nubes y me perdí en tu nombre, Eliana.

Quise entregarte todo el canasto de mis versos y contarte toda la locura de mi amor. Leía el mensaje de tus manos y comprendí la felicidad que te embargaba. En esos momentos no existía nada, no existía nadie, sólo lo nuestro. Cada vez que me detengo a escuchar, aquella canción... “te regalo yo mis ojos, mis cabellos y mi boca y hasta el aire que respiro, yo mi vida te regalo....” vuelves a columpiarte en mis sueños de primaveras.

Sin embargo, en medio de ese éxtasis primaveral, de flores, columpios y de amor, llegó repentinamente la Severidad almidonada y con ojos inquisidores, vino a poner término a nuestro naciente idilio.... Así, nos vimos sorprendidos por la curiosidad de millones de seres, que habían asistido incrédulos y llenos de envidia, a tan hermoso romance. Antes de huir a refugiarte en las sombras de tu intimidad, leí, el que fue tu último mensaje de tus manitas. Al soltarte de mi, levanté ojos doloridos y vi como se humedecía tu lindo rostro.



Es el último recuerdo que me quedó de esa noche y de esa fiesta. Una botella de ron consiguió calmar mis odios y mis nacientes iras. Y allí me quedé sentado en la terraza, apoyado en tu columpio, meciendo tus sueños y los míos queriendo verte aparecer...No llegaste. Cuando la madrugada por fin irrumpió en mi desvelo, huí también despavorido a mi fiel soledad.


© Monsieur James

COMO TE LLAMES



Ese mediodía de verano, un grupo de amigos nos encontramos reunidos en tu ante-jardín. Noté tu risa nerviosa y para mi incipiente madurez, severamente sensual.

Por primera vez te miraba desde mi propia timidez y me sentía hechizado por tus labios, por tus ojos reidores que parecían admitir todo el ardor que corría por tu cuerpo.

Nuestros amigos comunes, menos experimentados o tal vez, menos propicios al hechizo todavía, se fueron retirando uno a uno, hasta dejarnos solos en esa tertulia del mediodía allí entre las flores. Tu risa se volvió mucho más franca mientras mi emotiva curiosidad empezaba una severa lucha contra mi inconfortable turbación. No quería parecer demasiado tímido ni parecer un niño chico ante tus chispeantes ojos.

—Acompáñame al interior, quiero comer golosinas— lanzaste a título de sugerente invitación. Te seguí y entramos a casa. Me detuve a esperarte en el salón, era lo que aconsejaba la prudencia y las buenas costumbres.
—Espérame— dijiste al momento de desaparecer por el pasillo. Habían pasado unos dos minutos interminables para mis nervios alterados, quien sabe por qué extraña sensación.

Reapareciste con un caramelo en la boca y habías cambiado tus jeans por una falda amplia y floreada, me pareciste radiante. Retiraste sensualmente el caramelo de tu boca y me ofreciste a probar. Con el corazón palpitante acerqué mi boca a tan dulce ofrecimiento. — ¿te gustó?, agregaste mientras lo retirabas dulcemente. — mmm rico, dije en un murmullo de voz, mientras sentía agolparse la sangre en mis sienes. Me llegué a sentir como una marioneta, sin embargo feliz de esa sorprendente aventura.

—Ven, dijiste sin más, dirigiéndote a tu dormitorio. Te seguí como un fiel perrito faldero. Nos sentamos a orillas de tu cama, al mismo momento que te dejabas caer de espaldas. Advertí con toda mi turbación y mi temor la blancura y la tersura de tus magníficas piernas. Advertiste mi turbación y preguntaste nuevamente

— ¿te gustan? ¡Qué cosa! pregunté en un enredo de palabras. —mis piernas, tontito, mis piernas, dijiste riendo, mientras dulcemente levantabas aún un poquito más para regalarme de la espléndida visión que ofrecías a mis admirados ojos. Mi timidez fue desapareciendo, mientras sentí como intempestivamente mi virilidad comenzaba a manifestarse.

Me sentí incómodo en ese empuje de la naturaleza y quise acomodarme con disimulo, sin embargo a tu osadía siguió una abierta provocación. Sentí tu mano acercarse al despertar de mi virilidad y cerré los ojos de una inmensa felicidad.

Tu boca vino madura a la mía, todavía con ese gusto a caramelo, mis manos tímidamente primero y alocadamente después acariciaron ...

© Monsieur James

COMO QUISIERA


Como quisiera
Que los pétalos no te anden la piel
Para que no puedan trocarse en mi afán.

Que el agua no sea prodigio que bañe tu cuerpo.

Que la tierra no roce tus veredas.

Que el astro nocturno se vaya de ti.


Que terminé el atisbo inquebrantable,
El vocablo justo, la mueca preciosa.

Que suceda algo que te vuelva imprecisa:
Un albor travieso, un fantasma de nieve.
Un arco iris de lluvia, un espectro de flores.

Que me olvide tu suerte,
No verme a cada instante ni siempre
Enredado en el tictac de invioladas miradas:

Que no pueda nombrarte ni en mis trovas.

Que al alba tus ecos no derriben mi deseo.

Que tu nombre se le relegue a esa señal.

Que los muros no detengan tu susurro de calle agitada.

Que el ojala se vaya tras tus pasos
A tu añeja regencia de provechos y ternuras.

© Monsieur James

CURRICULO PARA SEGUIR ESCRIBIENDO


He caminado lo suficiente para detenerme y seguir observando ya con cierta nostalgia los pasos que se han ido quedando atrás y permitirme recrearlos por medio de palabras reinventadas.

En este deambular impreciso, quiero: con la música de mis versos, con la sinceridad de mis relatos y con la humildad de mi pluma, contarles un poco de este trayecto.

Trayecto por momentos luminoso, sombrío en otros; por momentos alegre como triste a la vez; breve e infinito; dulce y ácido; ínfimo y colosal.

Soy hombre agradecido, formo parte de la mayoría privilegiada. Ante esta fortuita circunstancia, trato que mi caminar sea lo más recto posible, en contraste de un Universo de circunferencias imperfectas, no es tarea fácil. Lo se y quiero permanecer siempre despierto.

Nací en el Carrascal de los años 40, naciente poblado de la Gran Quinta Normal, en los alrededores inmediatos de Santiago de Chile de la época. Allí, con mis primeros pasos, aprendí de todos aquellos trayectos que nos forman.

Mi pluma se alzó temprana, y si no hubo versos, las primeras imágenes traen los dulces sabores de palabras soltadas con la ternura de mi temprana edad. Nombres femeninos acompañaron siempre mis estados: Margarita Lagos, Leonor Bravo, Ernestina Muñoz, Pilar...

Nostalgias y melancolías tienen mis playas, mis campos. Valparaíso tuvo los ojos más verdes-carmen de mi vida, Temuco la mirada más tierna-ana. La Araucanía, mis indios mi padre.

En tierras de Dios, Brasil me entregó el paseo más dulce a Ipanema, Perú me hizo descubrir la insolencia de mis raíces profundas, Argentina fue el abrazo de un tango lunfardo, España, la luminosidad de sus uvas y Canadá, la cuna de mi ocaso.

Hoy, camino en la suavidad de las nueces, delirios de alboradas. Mélina, Andreanne y Sophie están presente en mi reír; he aprendido a conjugar sus cuentos y mis cuentos.

Te llamas Suzie y tu mirada es mi reflejo, tierno reflejo. Si tuve que vivir tanta lágrima para llegar a ti, amor, mujer, Dios bendiga aquellas lágrimas.

© Monsieur James

COMENTARIO Y VIGILIA


Conozco tu dulce rostro,
No reconozco tu triste lágrima.

Eres susurro de viento
Que quiebra el alma.

Eres brisa repentina
Y no entiendo tu llanto.

¿Es posible dulce amiga?

Dulce como todo lo que escribes,
Aunque produzca insomnios.

En tu Vigilia esa lágrima
humedece mi viejo rostro.

© Monsieur James

COLGANDO OLVIDOS

Buscándote

entre las sábanas y mi despertar,
me encontré aprisionado a tus delirios;
en la desesperación,
y tus quejidos,
me fui recortando
entre el horizonte
colgando olvidos.

Rápido;
quise huir, entonces,
me sentí cobarde
por no dejarme caer en tus abismos.

Sin embargo, te dejé ahí
olvidada en mi manzana
en mi naranja
o tal vez en mi ventana.
Hoy he vuelto a sentir
el mismo terror y miedo
y he huido de tu sombra,
sin decir palabra.


No me llames,
tengo horror de los espectros,
y mi barco sin timón y sin amarras,
aún dibuja:
espermas salinas,
en tu enagua.

© Monsieur James

DIOS

Tengo una amante dormida

en mi delgada esperanza

reflejos de una alabanza

cuando de hinojos rezaba.


— ¿Crees en Dios?

— ¡No! no creo.
Lo conozco.

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CANTA LA LLUVIA


En presencia del frescor, descansa yuxtapuesto al atisbo del viento, la lluvia, seduciendo considerablemente más y más el inocente huerto.

Canta una chicuela sin conocer, adecuadamente, la tonada.


—Va a llover—
—el cielo llorará—

Oscila cavilando, que alcanza ser heredera del alcor, asiéndolo únicamente con sus extremidades.

La examino por el adecuado sucumbir de la voluntad y asumo, por intento, el abandono;

interiormente, la mutación de una sutura, hace antesala al fragor del abolengo.

Contiguo a la quieta balada, velando ciclos por la alborada, con fosforescencias de agotado candelero, empieza el temporal.

Corea la lluvia…

—Lloviendo voy—
—refrescos de agua—

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CAMINO VEGETAL Y AGUA


Por un sendero de bosques
Camino de la mañana
Van despertando claveles
En corceles vegetales
Van despertando alboradas.

Príncipes de todos los cuentos
Duermen de luna estrellada
Y sueñan como yo sueño
En mil columpios de luna
Ternura de dulces hadas.

En sus caminos de noche
Sus senderos van al alba
Y meditando sus cuentos
Van mil marinos de viento
Camino de flores blancas.

Y recibiendo mañanas
De soles tibios de alpaca
Con su amarillo de sedas
Despidiendo las montañas
Lanzan veleros al agua.

El océano de verdes aguas
Les llevará a sus entrañas
Y sus veleros de plata
No volverán a los bosques
Se internarán en el mar
se perderán en el agua
Ya no verán las mañanas.

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