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viernes, 14 de septiembre de 2007

EL POTO NEGRO


Antes y después de un exilio forzado...


Dedicatoria muy especial

Vaya con la inspiración sensual
Con que dramático Caballero
Llegó una tarde y confidente
Hacerme partícipe cabal
De sus angustias y sus anhelos



Yo nací en una aldea sureña arranado, morenazo y guatón. Llevo, la tierra como estandarte pegada en mis uñas. Mis manos adoran esa tinta negra con que la tierra escribe sus huellas en mi humilde humanidad campesina. Viví feliz, hasta la fecha fatídica, con mi huerta, mis chanchos, mis gallinas, mis pollos, mi negra curiche y una parvá de críos. Mi negra curiche, siempre bien dispuesta y los niños jugando en la libertad luminosa del campo y de la fruta. Mi pala, mi azadón, y el pedacito de tierra recién reformado, hacían de mí un campesino satisfecho.

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Un día, mientras la vida seguía su curso en las tierras de Dios, sin saber por qué, ni cómo, ni con qué fin, se armó la gorda en la Capital. De súbito,
los pacos (carabineros, fuerza policial chilena) empezaron la recorría de mercaderías en la feria del pueblo, repitiendo en voz baja y solapadamente: "váyanse pa’la casa cabritos " como una advertencia amistosa y llena de hipocresía de lo que se convertiría en una de la más grandes mariconadas registrada, hasta ahora, en la historia nuestra.

Cerca del mediodía, tras una polvarea aparecen los "jovencitos de la película" . Camiones cargados de milicos (a los milicos los llaman las empanadas : salen calientes los domingos ) y armados hasta los dientes, bajan apresurados, como en plena guerra, y, de lo que es "patá en la raja" empiezan a liberar la plaza de un montón de cabros chicos y de cuanto quiltro famélico encuentran en su avanzada macabra.

Se dividen en cuatro secciones que se disparan hacia las habitaciones del pueblo y con voz de mando hacen salir a todo el mundo a la calle. Entre ellas, por supuesto hay chiquillas jóvenes que, especialmente, concentran en la plaza. El griterío de la cabrería, se hace casi insoportable. Algunos milicos agarran a las más bonitas y se mandan a cambiar. Nadie sabe lo que pasa, nadie osa preguntar. Yo miraba atónito sin lograr comprender, hasta que un culatazo en los riñones me haría despertar, un día más tarde, en una celda estrecha que compartí con siete desconocidos. ¡Qué guevá! el primer instinto fue el de presentarme. Mirevé, aqui Jacinto Cuevas para servirles. ¡Ah qué guevada! (si a eso le llamay Cuevas.... me dijeron)

Luego de apreciar a su justo valor la valentía de los soldados y muchos civiles, en un tránsito de torturas y de flagelaciones, me dejaron libre. De repente y sin aviso previo me metieron en un avión. ¡Putas! Yo, hasta ese día, no me había subido ni a un ascensor siquiera. De ahí, una vez que me amarraron y sentí los motores en marcha, pasé a los sustos y a rezar. Ahí estoy yo, escondido en el asiento cuando una minita más linda que


la cresta empieza hablar en otro idioma. Inútil, no entiendo ni jota, pero, ¡qué boquita más re linda!. Cuando uno ve un pajarito así, manda a la cresta el miedo y los rezos y se va poniendo un poco más lacho que de costumbre. Parece que sus ojitos todavía me están mirando. Mientras explica un sinfín de cosas y se pone unas máscaras, yo sueño con un buen trago de vino y en un besito en inglés.

.................................................... Estaba medio arranado en el asiento, probablemente pensando puras leseras, cuando de repente empiezan a temblar las alas, a tronar los motores y sin decir allá voy el aparato agarra vuelo y en un santiamén siento que el asiento me chupa como ventosa. Vamos volando mierda. ¡Qué sensación, la maricona e grande, iñor!

Después de un momento empiezo a abrir de a poco los ojos y a aguantar como hombre las ganas de ir al guate. No me atrevo a mirar por los ventanucos, no vaya a ser cosa que me desmaye, mirevé.

................................. minutos más tarde, empiezan a repartir unas cuestiones pa ponerse en las orejas, ¿iremos a jugar al doctor? me pregunto. Luego sirven una comida con gusto a plástico y un vasito todo cagado de vino. Creo que me quedé dormido. (me debe haber arrebatado…. el plástico)

Me saltaré las escalas, ya que no tienen incidencia en el cuento. Me las guardo para cultura personal.
"Su atención por favor, estamos volando sobre la ciudad de Toronto, la temperatura exterior es de menos 18 grados. Dentro de quince minutos aproximadamente comenzaremos el descenso para aterrizar en la ciudad de Montreal cerca de las 16 hrs. hora local. Se ruega, etc......" De pronto siento que el estómago cambia de lugar y un gustito, parecido a las jugarretas en la cama con la negra curiche, me recorre mi atlético cuerpo
(por lo transpirado) con el que sobrevivo.

De arranao y guatón me voy quedando con lo puro morenazo. Agréguenle la palidez a mi estado y cualquiera me confunde con "James Bond" africano. Con un hambre de los mil infiernos y un susto el guebón de grande, me arrano en el asiento, no vaya a ser cosa que un deseo maldito se meta de la partida.
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De la aldea, al pueblo de las torturas y los interrogatorios, de ese pueblo a la capital y de la capital, como peo salgo "exportado", nótese, al Canadá. ¡Ah! ....¡qué diferencia! ¡Por la puta! y lo más “descueve”, ni un solo milico, ni un paco. ¿Dónde chuchas estoy? ¿Estaré soñando?

Un, dos y tres y aquí estoy Godoy otra vez como un guatón arranado, porque la única cosa que se me ocurre es comer, no sea para recuperar mi seductora estampa, mientras estudio, "las patitas", la lengula franchuta .

Entre periquitas venidas de todo el globo y tan re-lindas, me baja la pretensión.

De repente salto de mi rancho, a un 4, ½ debidamente amoblado. Chuchas, dan ganas de decir "pa callado" Chis, ¿pa’cuándo otra pata en la raja?

El ranita se encacha, la pega no falta y ahí entre fregando ollas y lavando platos, me empiezo a codear con toditos los profesionales que salieron de Chile. Putas que había hartos guebones capos. En las noches asisto a conferencias, por ejemplo: el profesor Danubio da una charla sobre los


restos de comida en los platos hondos y de su importancia de lavarlos con agua caliente. Así también, se me empieza a pegar un montón de chamullos y de peón de huerta paso a ser "Técnico Agrícola, engresado
de l’Universidá Tésnica del Estadio. (Qué honda más guena gancho)

Con mi nuevo currrrrriculum, una cacha de mujercitas "blondas" le llaman aquí, a las rubiecitas y a las pololitas, empiezan a desfilar por el "lit " del compadre, y putas que estoy contento. Se me le requete orvidó que soy casado y me creo el hoyo del queque.

El descalabro de la sexualidad explota y un regocijo de potitos blancos, calzoncitos chiquititos y de todos colores empiezan a enredarse en mis antiguas manos de campesino humirde. Siento que el corazón me tiembla como las alas al avión, aquél. Me empiezo a mirar mi cara de ojota en ojitos azules, verdecitos, con una libertad que maravilla, putas, me vuelvo loco. Ligerito salto de la carretela en que iba a entregar algunas verduras a los alrededores de mi aldea a un Ford 82 con hartos caballos de fuerza, (nunca vi los caballos) pero así son esas cosas técnicas.

A esta locura internacionalista, siguen el trago, los líos amorosos, los celos huevones y se empieza a instalar la monotonía clandestina en mi alma de hombre bien educado, la moral empieza a hacer estragos en mi pobre humanidad, los culos pálidos empiezan a bajar de intensidad en mis pasiones y una cresta de noche me despierto sobresaltado (digamos que la droga del internacionalismo empieza a disminuir su efecto) y, tranquilamente, empiezo a aterrizar de nuevo en mi aldea. El alma se me pone romántica y me hacen falta mis chiquillos en esa hilera de mocos, mi negra curiche y mis lutos negros en las uñas.

El romanticismo me pone tristón, y, como el hombre no puede vivir triste gancho me acuerdo de mi poto negro, sí compadre, de mi poto negro. D’ei
mesmito me las empujo pa’una tienda de pasajes de avión y mi negra curiche aterriza con una cacha de cabros chicos en Mirabel, las corbatas al viento le cuelgan como los mocos en la aldea, una verdadera fiesta dieciochera para mi corazón campesino.

Un nudo me atraviesa el guargüero y una humedad se advierte en mis ojos. Me abrazo confundido en un beso con gusto a carboná a mi poto negro y un lío de manitos chicas me aprietan los pantalones, recojo un lagrimón y vuelvo a ser feliz. ¡Váyase a la cresta!... mi general.

POTO, significa «trasero, culo» en la obra.

© Monsieur James

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